En el monte no hay Estado, no hay polvo bajo el radiador. Por Aitor Merino.

En el monte no hay Estado, no hay polvo bajo el radiador,

solo el trueno y la sensación del trueno en el aire.

 

En mi pueblo hay una mina y también hay un monte.

En las ciudades no hay grisú ni truenos,

y se escucha el sonido no muy lejano de Occidente implosionando.

 

Escúchame, subamos allí donde ni tú ni yo

importemos más que la suma de nuestros alientos gravemente heridos

por la contaminación.

 

Pues en la Nada ya estamos todos.

Sí, querida, solo somos carbono y proteínas.

 

Nos encogeremos bajo las mantas de la normalidad porque afuera hace frío y no nos gusta

repeler las olas con las manos negras de ceniza de las hogueras invernales.

 

Y yo no sabría distinguir en tu piel si estás a punto de salir corriendo,

si a las cinco de la mañana tú no vas a estar en la cama, junto al hogar.

 

Por Aitor Merino.

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