Tino Pertierra: «No entraba en mis planes ganarme la vida escribiendo, las palabras empezaron siendo un gran juego…»

Tino Pertierra publicó en 1996 Los seres heridos, libro con el que ganó el premio Tigre Juan a la mejor obra de ficción. Autor de numerosas novelas que vinieron después, entre las que encontramos literatura juvenil, infantil, ensayo y una crónica viajera. Estrenó como autor y director las obras de teatro Intimidades y El juego de las tristezas amorosas. Colabora con la revista literaria Mercurio. Es redactor del diario La Nueva España, donde, además, ejerce la crítica literaria y cinematográfica. Hoy hemos querido saber un poquito más sobre él.

¿Cuándo decidiste que querías dedicarte a escribir?

Cuando descubrí que las historias que leía de niño me quedaban cortas y me divertía jugando a extenderlas más allá del final ideado por sus autores. Si una novela me gustaba, me rebelaba contra la última página, cogía mi libreta y un bic y me lanzaba a imaginar más aventuras de Tom Sawyer, más peripecias de Colmillo blanco, más vueltas al mundo en 80 días o más noches de terror de Edgar Alan Poe. No entraba en mis planes ganarme la vida escribiendo, las palabras empezaron siendo un gran juego y solo las empecé a ver como una posible salida profesional cuando descubrí que había una carrera que me permitía escribir y que me pagaran por ello: el periodismo. Solo necesitaba cambiar el chip: un periodista no debe utilizar nunca la ficción como herramienta de trabajo.

¿Cuáles son las ventajas de combinar el periodismo y la escritura?

El periodismo te permite vivir intensamente. Conoces muchas historias distintas casi cada día, estás obligado a entrar en contacto con realidades que cambian constantemente, hablas con mucha gente diversa y no puedes permitirte el lujo de bloquearte ante una página en blanco porque el periódico sale al día siguiente y hay que terminar sí o sí. Además, te afila el estilo, te ayuda a ser más preciso y te ayuda a tener una relación más inmediata y en ocasiones estrecha con los lectores. Una novela lleva mucho tiempo pensarla, escribirla y publicarla. Un artículo se ejecuta y al día siguiente ya está en manos de los lectores, que pueden felicitarte o ponerte verde en las redes sociales o por un correo electrónico. En mi caso, y al dedicarme en gran medida al periodismo cultural, también me ayuda a conocer más y mejor el mundillo literario: escritores, editores, críticos, libreros…

 ¿Ves alguna desventaja?

El periodismo exige mucho tiempo. Llegar a casa después de muchas horas dándole a la tecla, cambiar el chip a la ficción y seguir exprimiendo las neuronas es complicado. De hecho, a veces es imposible. Y los fines de semana hay que dedicarlos a olvidarse de todo eso y vivir otro tipo de experiencias. La prueba de lo que digo, en mi caso, es evidente: llevo casi diez años sin publicar libros, y en gran medida es por lo que te cuento. Además, con el tiempo te vuelves mucho más exigente con lo que enseñas como escritor, precisamente porque siendo periodista eres consciente de que se publican demasiados libros por intereses que no tienen nada que ver con la literatura. En cualquier caso, que no publique no significa que no siga imaginando y creando dentro de mi cabeza. El juego no ha terminado.

 A nivel periodístico, ¿alguna vez te has encontrado un reto que te fuera difícil superar?

Hace años, cuando empezaba, trabajé en una emisora de radio una temporada. Un domingo se puso enfermo un compañero que retransmitía los partidos de fútbol y me tocó sustituirlo. Fue una experiencia irrepetible y, nunca mejor dicho, inenarrable.

¿Qué es lo más inspirador para ti a la hora de crear una nueva historia?

Que sienta curiosidad por saber qué demonios les pasará a los personajes.  Que me enamore si se enamoran, que odie si odian, que teman si temen, que sienta deseo o repulsión al tiempo que ellos. Que me pasen las horas sin darme cuenta creando mundos que solo existen en mi imaginación. De momento.

¿Dirías que una novela oculta a su autor o lo descubre?

Cada autor es un mundo, y muchas veces ni siquiera él lo sabe. En mi caso, me escondo bastante bien y solo yo sé dónde y cuándo me desnudo literal y literariamente.

¿Piensas en seguir escribiendo ficción?

Escribo microrrelatos en La Nueva España desde hace casi una década. Si te refieres a novela, también hace diez años que estoy ocupado en una novela que espero terminar más pronto que tarde. De todos modos, insisto en que lo que me gusta sobre todo es imaginar, no escribir, que es una tarea a menudo ingrata, dura y a menudo hostil. Cuando le preguntaron a Juan Rulfo qué sentía al escribir, respondió: remordimientos. Le entiendo perfectamente: cualquier escritor que se valore mínimamente sabe que los resultados siempre se quedarán lejos de las intenciones iniciales.

 ¿Cuándo surge la pasión por el cine?

Cuando yo era niño, los cines eran grandes y solo había una cadena de televisión. Por asuntos familiares que no vienen al caso, el cine era una válvula de escape que me permitía vivir otras vidas en otros mundos. Podía enamorarme de la mujer pirata, luchar junto a Robin Hood, encontrar la isla del tesoro y combatir en la policía montada de Canadá. Ir al cine y pasar dos horas ante una pantalla inmensa y a todo color era algo más que un pasatiempo. Era una aventura. Y, como hacía con los libros, también me divertía recreando las historias de las películas, añadiendo personajes, inventando nuevas peripecias. Podía pelear contra King Kong un día y, al siguiente, viajar en una diligencia junto a John Wayne. En un cine me enamoré por primera vez y en otro supe que el verdadero amor siempre duele.

Leí que el otro día afirmabas que los mejores guionistas hacen series, ¿eres de los que piensa que si Shakespeare hubiera nacido en el siglo XXI las escribiría?

Es probable que sí, aunque tal vez no pudiera soportar que en sus guiones metiera mano todo el mundo, como suele suceder en la mayor parte de los casos. Aunque hay guionistas espléndidos, como Aaron Sorkin, no son genios como el amigo William.

¿Es difícil buscar la objetividad a la hora de escribir una crítica de cine?

No creo en ella. Es una crítica, es mi opinión basada en mis gustos, en mi criterio y en mi experiencia como espectador que ha visto miles de películas y ha reflexionado y leído sobre ellas. Soy subjetivo y así debe ser. Lo que sí procuro es no entrar en la sala con prejuicios e intento salvar siempre que pueda algo de una película, por mala que sea. No siempre se puede, claro.

¿Cuál crees que es la principal diferencia entre el desarrollo de un personaje en una serie en comparación con una película?

El tiempo. En una serie de diez capítulos tienes diez horas para desarrollar personajes. En una película, hora y media. Eso no es garantía de mayor profundidad. Hay series en las que los personajes no crecen aunque duren cien horas, y películas en las que un solo plano basta para resumir una vida entera. Las buenas series avanzan, pero las malas se limitan a dar vueltas sin dar un solo paso adelante.

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