Agridulce Navidad

Por Enol G. Vigil

Somos la mierda cantante y danzante de este mundo.

Interesante sentencia si buscamos nuestra función en un mundo así. Pero yo no pienso caer en el Nihilismo fácil. En el mismo que desemboca en turbias aguas de turbias ideologías políticas. Las premisas son demasiado impalpables, demasiado escurridizas como para llevarlas a una conclusión tan radicalmente, en verdad, fácil. Está claro que la complejidad de la actitud humana, séase en el ámbito que sea, acaba surcando caminos alejados de cualquier atisbo que vislumbre y que acaso pudiéramos habernos planteado, aunque fuera parcialmente en un momento tan efímero de esos en que el pensamiento se acaba difuminando y yendo hacia el baúl de los temores no tratados. ¿Qué es ese insaciable paso ensordecedor y molesto que nos lleva en corrientes grises en plena urbe? Esos golpes en la calle sin disculpa, esos empujones en la compra, esas palabras fuera de lugar en el transcurso cotidiano… Somos verdaderamente temibles animales insaciables. Ambiciosos monstruos que ni siquiera se contentan con su más alto deseo. Somos seres completamente alienables, corruptos los unos con los otros, buitres devoradores del morbo. El morbo por la sangre, el morbo  por lo malo, el morbo por perder y tropezar, por ver perder y tropezar y por victimizar. Es el dolor, muchas veces incluso el propio, los que nos contenta. No nos mintamos, no miremos a falsas utopías económicas en este sistema. Son falsas. Es falso el sueño americano. Es falso el ascenso social. ¿Qué ascenso social? Soy yo mi objetivo, soy yo mi medio y mi fin y la razón de la existencia. Tengo identidad. Debería tener identidad. Nos hacen perder lo cabal. Nos hacen rabiar de amargura entre nosotros. Nos alejamos del conveniente estoicismo más minimalista para rayar en lo sádico, en la desbordante realidad ficticia de lo material. Parecemos meras sombras que se ciernen sobre el muro de la más falsa cordialidad. Y es que la herencia filogenética , el patriarcado primigenio del que ya Freud hablaba (y luego Marcuse reinventaba) como causa de la pérdida del cumplimiento inmediato de las necesidades básicas, del placer, del cumplimiento espontáneo… se ve relevado por posponer, mediante el egoísmo autómata del trabajo vacuo, la pronta satisfacción del deber natural del Hombre. Estamos equivocados en el transcurso político de cada día, creemos en la democracia sin apenas saber qué significa. Creemos en el poder como mantenimiento del orden, como regulación de la seguridad que pudiéramos, sin él, perder; qué fácil la libre responsabilidad redimible. Está claro que, con razón, nos odiamos y tenemos miedo a nosotros mismos.

Ahora bien, sal de ese barullo del desasosiego, mira más allá de tus sentimientos. ¿Qué ves? Un rostro: el de la muerte, que te mira sin parpadear hasta que apartes de sus ojos los tuyos. ¿O quizás un frasco de recuerdos por borrar que presionan tu subconsciente reprimido por tu razón artificial sustentada en el orden y lo moral? ¿Sentimientos casi extintos en su práctica por la negación de tu propia personalidad? Aléjate de las marcas, deja de pelearte por ser como poco igual que el de al lado. Viste diferente, piensa diferente, vive diferente, como tú mismo te plantees. Respeta la dignidad porque, al fin y al cabo, si algo tienes es lo poco de humano  que te queda. Feliz navidad; navidad sin saciedad.

Por Enol G. Vigil

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