Primavera contra la dictadura

Muchos han sido los escritores y artistas contemporáneos a una época que no dejaba espacio a ningún tipo de libertad de expresión y que, por consiguiente, tuvieron que vivir errantes en el exilio. Me parece de especial interés ese grupo de autores latinoamericanos a los que les tocó enfrentar unos años de dictaduras militares en los setenta, como ocurrió en Argentina, Chile, o el caso que nos ocupa, Uruguay. Fenómenos históricos que se solaparon a la vez, injusticias sociales que se callaron unas a otras.

Mario Benedetti, escritor uruguayo, fue uno de los muchos condenados al exilio cuando en 1973 se produce un golpe de Estado en su país de la mano del presidente Bordaberry. Cabe pensar que después de esto, la temática literaria del autor se centró más en política, en las consecuencias que tuvo la dictadura en aquella patria que había dejado atrás.

Sin embargo, lo que más llega a sorprendernos es el estilo tan personal y humano que plasma Benedetti en sus relatos. Porque no pretende hablar de grandes entresijos políticos, no busca un enfoque propagandístico, sino hacer lo que haría cualquier autor. Algo tan sencillo como contar una historia. Son historias del día a día. Si bien es verdad que están enmarcadas en el contexto de la época que le tocó vivir, narran los problemas banales de cualquier persona. En más de una ocasión, los protagonistas se encuentran más preocupados por los amores y desamores, por la enemistad con su padre o la soledad de la viudez, que por las dificultades de esos años.

Tal y como yo lo veo, esta manera de contar los hechos tiene sin duda algo de especial. Porque todos los libros de historia nos hablan de sucesos, pero la obra literaria de Benedetti habla de sentimientos. Obras tan sencillas, tan reales, nos permiten un nivel de profundidad mayor con el que sumergirnos en los conflictos y abusos del pasado siglo en Uruguay.

Una de sus novelas más remarcables en las que se habla de la dictadura, probablemente sea Primavera con una esquina rota. En ella, los personajes principales son un preso político y su familia, que espera con ansia su liberación mientras ellos viven en el exilio. Lo que verdaderamente desarrolla la historia y nos traslada a un país tan lejano, son las emociones e inquietudes que cuenta cada uno. Una niña que no conoce a su padre y no entiende el complicado mundo de los adultos. Una mujer que se distancia de ese marido lejano al que casi no recuerda. Un amigo que nunca pensó en enamorarse y se encuentra con que no puede sacar a la esposa de su compañero de la cabeza. Un padre que se pregunta, mirando hacia atrás, si crio a su hijo bien e hizo lo posible por protegerle.

Porque es un libro que no solamente habla de la pérdida de libertad, sino también de los caprichos del corazón, de los problemas cotidianos, de las preocupaciones más humanas, de las miradas al pasado, siempre un tanto distorsionadas, y del miedo a ese futuro tan incierto que no está escrito, ni sabemos qué nos depara.

En 1980 se convocó en Uruguay un plebiscito constitucional que legitimase el gobierno y sustituyese la anterior constitución. Pero el pueblo uruguayo dijo que no, lo que inició un proceso de apertura democrática. Benedetti narra este momento con especial sentimiento, pues supuso que, de alguna manera, después de todo el daño sufrido, aquellos años en los que las injusticias, las torturas y asesinatos quedaban impunes, estuvieran llegando a su fin. Tal vez hubiera luz al final del túnel, y como decía en su libro, finalmente por fin saliera el sol, y anunciara la llegada de una primavera.

¿Qué significaba la primavera para Benedetti? Seguramente, esperanza. Esperanza no en que llegarán tiempos mejores, sino en hacer que ocurran. Acabar con el miedo y la represión. Pensar, a contracorriente, que los pueblos tienen algo que decir contra aquello que consideran injusto. Que tienen el poder, el deseo y las ganas de actuar. Primavera podría perfectamente ser una voz alzada, un sentimiento plasmado en un poema. No olvidar el pasado, pero tampoco permitir que éste no nos permita avanzar, sino que sirva para construir algo nuevo.

Tal vez primavera fuera para el uruguayo, tal y como decía en uno de sus poemas más famosos, correr los escombros y destapar el cielo.

“No te rindas, por favor no cedas

aunque el frío queme

aunque el miedo muerda

aunque el sol se ponga y se calle el viento

aún hay fuego en tu alma

aún hay vida en tus sueños

porque cada día es un comienzo nuevo

porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.”

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