Un breve acercamiento a la conciencia de Melibea

Por Elisa Sestayo

Sin duda alguna, uno de nuestros clásicos indiscutibles es La Celestina (Fernando de Rojas, 1499). Como merece un clásico como este, la obra y sus personajes ya han sido analizados a lo largo de la historia de la literatura por  numerosos estudiosos. Sin embargo, como buen clásico, el estudio de los personajes de La Celestina sigue vivo y generando interesante discusión. A este respecto, uno de los personajes que más opiniones y debate sigue generando a día de hoy es Melibea, la joven protagonista de la obra. Con este artículo, pretendo acercar al lector una idea difundida ya por muchos autores y que puede ser útil para aquellos lectores que no lograron profundizar en la verdadera conciencia de Melibea debido, quizás, al protagonismo exacerbado que se otorga a Celestina a la hora de estudiar la obra. Es cierto que en una primera lectura de La Celestina podríamos llegar a la idea de que el único personaje poseedor de complejidad y merecedor de un detenido estudio es Celestina. Y aunque resulta evidente que la vieja alcahueta es la encargada de hilar el argumento y de llevar la obra a su tragicómico final, Melibea no es menos en lo que a esto respecta. Sería erróneo contemplar la idea de que Melibea es un mero títere a manos de la trotera y, por ende, un títere de los deseos de Calisto. Laura Mier señala en su artículo titulado «La conciencia de Melibea» (Celestinesca, 32, 2008) lo siguiente sobre esta cuestión:

Me parece necesario ver la consistencia que hace de Melibea un ser extremadamente consciente, alejado por un lado, de la visión romántica tradicional que hace de ella una heroína del amor y, por otro, de la tradición más reciente que ve en Melibea un simple juguete del destino de Celestina.

A lo largo de la obra, Melibea demuestra ser un personaje con gran conciencia de sus actos, que no está supeditado a los intereses de ningún otro personaje. Esto último es debido, quizás, al fuerte carácter que demuestra tener la joven, así como a su aguda inteligencia. Estas cualidades de Melibea quedan patentes desde el comienzo de la obra. Sin embargo, el momento en el que podemos percibir con mayor claridad este fuerte carácter y agudeza de la joven es el pasaje en el que Celestina acude por vez primera a casa de Melibea, momento en el que la alcahueta aprovecha para hacerle saber que Calisto pena por su amor. La joven muchacha deja claro con sus palabras que es una mujer fuerte, de sólidas ideas que no quiere caer en las trampas de la vieja trotera. De este modo, Melibea contesta lo siguiente cuando Celestina pronuncia el nombre de Calisto:

¡Ya, ya, ya! Buena vieja, no me digas más; no pases adelante. ¿Esse es el doliente por quien has fecho tantas premissas en tu demanda, por quien has venido a buscar la muerte para ti, por quien has dado tan d[a]ñosos passos, desvergonçada barvuda?

Así pues, Melibea no está supeditada a los deseos de ningún otro personaje. A este respecto es necesario tratar una de las polémicas más comunes a la hora de estudiar la obra: ¿Se encontraba Melibea hechizada por la vieja barbuda cuando comienza su romance con Calisto? Para los autores que defienden la conciencia de Melibea, la respuesta puede resumirse negando rotundamente que la joven haya sido hechizada por Celestina, ya que su amor hacia Calisto existía antes de que la alcahueta acudiera a visitarla. ¿Por qué, entonces, Melibea se muestra tan enfurecida cuando Celestina acude a su casa? ¿Por qué no se alegra y se muestra enternecida al enterarse de que Calisto penaba por ella? La respuesta a estas preguntas reside de nuevo en su gran agudeza y su conciencia sobre la situación que está viviendo. Melibea poseía una honra que mantener, honra que perdería al mostrarse feliz por conocer los sentimientos de Calisto. Melibea sabe que ha de ser comedida, actuar con contención y esperar al momento oportuno para poder demostrar su amor por Calisto.

Tras el enfado de Melibea, Celestina comprende que ha de cambiar su estrategia y en ese momento se inventa la alcahueta un dolor de muelas padecido por el joven y que necesita de la oración y del cordón de la joven para ser sanado. Este es un punto de inflexión interesante en el diálogo primero entre Melibea y la alcahueta. Habitualmente se entiende este fragmento como una inteligente artimaña de la vieja, pero creo conveniente señalar que en este punto es Melibea la que demuestra mayor inteligencia y la que cambia el transcurso de la historia. Melibea, una vez conoce −o cree conocer− que lo que realmente necesita Calisto es sanar su dolor de muelas, se muestra dócil y amable, aunque también irónica: «Si esso querías, ¿por qué luego no me lo espressaste? ¿Por qué me lo dixiste en tan pocas palabras?». Llegada a este momento, Melibea cederá a otorgarle a Celestina el cordón y prometerá rezar una oración por Calisto. Quizás aquí pueda entenderse que Melibea está al servicio de los deseos y engaños de la vieja hechicera, sin embargo, creo que Melibea demuestra gran inteligencia que hace que sea ella y no Celestina quien domine la situación. Para Melibea, este momento es el oportuno para ceder, para comenzar a mostrar interés por Calisto de una manera discreta. De repente, su tono se vuelve pausado y sus palabras comprensivas: «Pero, pues todo viene de buena parte, de lo pasado aya perdón; que en alguna manera es aliviado mi coraçón, viendo que es obra pía y santa sanar los passionados y enfermos». Por tanto, en este diálogo entre las dos mujeres es Melibea, en mi opinión, la que mayor inteligencia demuestra, pues sabe en qué momento comenzar a mostrar su interés por el joven Calisto sin que su honra sea mancillada.

Se había mencionado anteriormente el hecho de que la philocaptio de Celestina no fue la razón por la que este amor hacia Calisto nace en la joven. Es necesario volver a este punto para subrayar la idea de que no nos encontramos ante un personaje que sólo sirve de juguete para Celestina, como mencionaba Laura Mier en las palabras recogidas al comienzo de este artículo, pues Melibea en todo momento demuestra tener un conocimiento de sus sentimientos actuando de manera inteligente para mostrar estos en el momento oportuno. Así lo demuestra en el momento en el que se reconoce enamorada de Calisto ante Celestina:

Muchos y muchos días son pasados que ese noble caballero me habló en amor; tanto me fue entonces su hablar enojosa quanto, después que tú me le tornaste a nombrar, alegre. Cerrado han tus puntos mi llaga. Venida soy en tu querer. […]

Por tanto, Melibea se confiesa en este momento presa del amor hacia Calisto, y reconoce haberlo sentido antes de que Celestina pudiera haber elaborado su hechizo.

A modo de conclusión se puede defender la idea de que Melibea se entrega al amor de manera consciente, aunque cauta, lo que convierte a la joven en una mujer totalmente conocedora de sus actos, sin ser por tanto una víctima de las artimañas de la alcahueta. Y ya por último, para subrayar la idea de este breve acercamiento a la conciencia de Melibea, creo conveniente recoger aquí unas palabras de Otis Handy extraídas de su artículo «La desfloración retórica y psicológica de Melibea» que resumen muy bien la cuestión aquí tratada: «Lo que ha quedado demostrado es que ella no es una víctima, sino que participa de buena gana y con vehemencia en el loco amor».

Por Elisa Sestayo

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