Guerrilla Girls, la revolución más bestia

Humor + hechos + piel sintética = activismo político.

La fecha del periódico no engaña: 14 de junio de 1986.

Un grupo de mujeres se reúne frente al MOMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York) para protestar contra una exposición en la que de 169 artistas, solo 13 de ellos eran mujeres. Fue un simple piquete al que nadie prestó atención, pero que hizo explotar algo mucho más grande, una nueva manera de protesta y de arte, pero sobre todo, de revolución y rebeldía.

Protestan desde hace más de 30 años por la escasa presencia de mujeres y artistas de raza no caucásica en el mundo del arte. Luchan contra el racismo, el sexismo y la corrupción en nuestra cultura.

El medio para esta queja social y política es el póster callejero, similares a los carteles de los años 60 o 70 relacionados con la segunda ola del feminismo, compuesta por las sufragistas. Cartel en mano y valiéndose del humor, intentan cambiar el modo de ver las cosas, darles la vuelta, que haya una toma de conciencia por parte de la sociedad.

En un inicio, debían lograr un diálogo fuera de su grupo, buscar una estrategia para que la gente crease debate y optaron por señalar a la gente: “eres responsable, eres responsable, eres responsable”. La gente, por primera vez, tuvo que defenderse en público y cuando tu imagen y prestigio social están en juego, vaya que si surte efecto…

Luchaban por la libertad después de ver que el mundo del arte, al menos del que ellas no formaban parte, era un lugar muy cortés y de clase alta.

Son pósters fáciles de leer pero con un gran trabajo detrás: investigación, reflexión, recursos…

Quizá su nombre no les suene demasiado pero son fáciles de reconocer: su seña de identidad son máscaras de gorilas y juegan con el anonimato usando apodos de mujeres insignes fallecidas, como Frida Khalo o Käthe Kollwitz.

“Pero fuimos guerrilleras antes de ser gorilas. En cuanto salió el primer cartel, hubo una demanda publicitaria, necesitábamos encontrar a prisa una imagen con la que dar entrevistas y realizar fotografías. Un día, una activista dentro del colectivo que deletreaba muy mal confundió “guerrilla” con “gorilla” y dijimos de pronto: es perfecto”.

El anonimato facilita reclamar a cara descubierta, además de toma de distancia, para que la gente no pueda atribuir la lucha a que cada una de las activistas hayan conseguido esto o lo otro. De este modo, representan la situación de las mujeres artistas, en vez de la de la mujer artista en singular.

“Queríamos asustar a la gente del mundo del arte, que pensaran que éramos espías infiltradas entre ellos”.

Es algo más que señalar algo y decir “esto está mal”, se trata de buscar una manera de cambiar la mentalidad de la gente y ellas, lo han conseguido gracias al humor.

La tradición de la queja en el arte es algo que se lleva ejerciendo desde su nacimiento, por ejemplo, el arte abstracto fue creado para protestar contra la forma de representar del pasado.

Esto nos hace preguntarnos, ¿estamos frente a arte o activismo?

Ambas cosas, ¿para qué quedarse solo con una? Convierten de una manera muy inteligente la queja en un tipo de arte, bastante popular entre las juventudes.

En el Museo de Arte en Bilbao, gracias a la actuación de Xabier Arakistain (Arakis), comisario de arte, pudimos apreciar una exposición retrospectiva de todos los carteles del colectivo en 2013 titulada: Guerrilla Girls 1985-2013.

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