‘The Room’ y el artista del desastre

Johnny es un banquero exitoso que vive felizmente en un apartamento de San Francisco con su pareja, Lisa. Un día, inexplicablemente, esta se aburre de él y decide engañarlo con su mejor amigo, Mark. A partir de entonces, nada volverá a ser igual.

Acabáis de leer la sinopsis que podéis encontrar de The Room (2003) en IMDb, popular base de datos de películas y series. La primera impresión que habréis recibido a partir de este fragmento será probablemente que The Room es un drama bastante estándar, incluso soso: algo que verías en Antena 3 para echar la siesta. Pero esta película va mucho más allá gracias a su singular ejecución. ¿Significa eso que logra ser un drama especialmente bueno? Todo lo contrario. Esta “cosa” logra fallar en todos los apartados establecidos por cualquier academia a la hora de juzgar una película como buena: la historia principal avanza a trompicones, y a su vez no dejan de aparecer sub-tramas que no llegan a ser concluidas; el trabajo de edición da lugar a planos atroces, escenas interminables y una banda sonora curiosa cuanto menos; y la actuación… oh, cielos, la actuación…

Y es por todo esto que amo The Room y se la recomiendo a todo el mundo, especialmente a aquellos interesados en el mundo del cine.

No creo que se merezca una buena nota: considero que una obra es buena cuando ofrece lo que el autor promete, y  Tommy Wisseau, su director, no consigue darnos un drama bien hecho, que es lo que busca –no logra darnos una película aceptable si quiera. Pero que sea mala no significa que no la puedas disfrutar sobremanera: si entras a esta película con bajas expectativas, te encontrarás con una de las mejores comedias accidentales de la historia. Nunca aprenderás a valorar el buen cine si no sabes reconocer el malo, es por ello que ver películas como ésta es importante: para saber qué es lo que un autor no debe hacer.

¿Significa esto que aprecio todo el cine, independientemente de que sea o no bueno? No exactamente. En las conversaciones sobre esta rama de cine subcultural suele aparecer la saga Sharknado, la cual detesto. ¿Soy hipócrita por ello gustándome The Room? No lo considero así: como he dicho, valoro una obra cuando un autor logra alcanzar su visión. Las películas a las que yo doy una buena calificación son aquellas que buscan un objetivo claro y lo logran mediante una buena ejecución: puedo disfrutar las películas consideradas obras maestras del cine tanto como puedo disfrutar Mad Max: Furia en la carretera porque esta última ofrece lo que busca: la gente que ve esta película espera buena acción y no tener que pensar demasiado, solo pasar un buen rato; y ésta logra ofrecer buena acción con una trama simple pero que no insulta a mi inteligencia. Si tu objetivo es hacer una película mala, solo puede dar lugar a una película mala: Sharknado, Lavalantula, The Incredible Bulk (no, lo he escrito bien, “Bulk”, esto es real)…, todas ellas buscan crear una película mala, apelando a un grupo demográfico que se jacta de ver “Serie B” y “Mockbusters”. El problema es que esta gente no entiende dónde nace realmente el “buen cine malo”: en un limbo entre ambos extremos, el de gente con confianza e ideas ambiciosas que falla en la ejecución. No puedes crear una buena peli mala a posta: nace sin querer, como The Room.

¿Y qué hizo que The Room funcionase como buena peli mala? Gran parte del resultado se debe a la ausencia de control creativo que sufrió. Tommy Wisseau, la mente perturbada detrás del proyecto, figura en los créditos como director, guionista, actor principal y productor ejecutivo. Destinó a la película un presupuesto estimado en nada menos que 6 millones de dólares. De haber sido otro filme de calidad similar, habría dado por supuesto que se trataba de un caso de blanqueo de dinero, pero después de ver The Room me di cuenta de que Wisseau era ambicioso, tenía visión creativa y realmente creía estar detrás de una obra que pasaría a la historia. Se ve una película pasable detrás de las capas de la cebolla olorosa que es esta abominación: referencias cinematográficas (a Rebelde sin causa, El talento de Mr. Ripley, el trabajo de Tennessee Williams…), simbolismo, y medios intentos de crear drama humano (se habla de drogadicción, cáncer, carreras estancadas, infidelidades… como mi bisabuela puede hablar de física cuántica). Pero Tommy Wisseau no nació para esto: no conoce el lenguaje cinematográfico, y su obra magna será recordada por las razones equivocadas.

Greg Sestero, actor que interpretó a Mark, amigo del protagonista, escribió en 2013 The Disaster Artist, una obra biográfica en la que explica la experiencia que fue trabajar a las órdenes de Wisseau. La razón que me lleva a escribir este primer artículo, y que me ha hecho recordar esta incomprendida joya del séptimo arte, es que una adaptación al cine de dicho libro fue lanzada el mes pasado. Y tengo entendido que está consiguiendo aquello que The Room nunca consiguió: buenas críticas.

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