Con un par

La Francia de inicios del siglo XX fue una época sombría y de inestabilidad. Recién terminada la Primera Guerra Mundial, a pesar de haber resultado victoriosa, había sufrido más daños materiales que su rival, y las clases más bajas de la sociedad eran las víctimas por excelencia. Por si fuera poco, nuestro protagonista nació el enero de 1910 en la más pobre de todas: la población gitana.

Jean Baptiste “Django” Reindhart fue uno de los mejores guitarristas de jazz de la historia y el legítimo progenitor del término “Gipsy Jazz”, fenómeno musical por excelencia en los años 30. Su infancia fue básicamente un cúmulo de traslados debido al trabajo de su padre: el espectáculo de la cabra y el oso, amenizado por el violín o el banjo de este, que pasó poco tiempo después a manos de su hijo (el cual le daría un mejor uso…).

Con la temprana edad de nueve años ya había sido galardonado por su destreza en el banjo, sin embargo, un posterior accidente lo relegaría a un segundo plano. Cuando Django tenía 18 años, un incendio desfiguró sus dedos meñique y anular. Tras año y medio hospitalizado, y creyendo su carrera finalizada, su hermano le llevó al hospital una guitarra, instrumento que, gracias a su virtuosismo y dedicación, dominó rápidamente y que lo acompañó a la tumba.

Foto: William P. Gottlieb
Foto: William P. Gottlieb

En 1934 Django ya era notablemente popular y había trabajado con artistas de la talla de Francesco Cariolato, Stephane Grapelli o Victor Marceau. Sin embargo, es en este año en el que Django funda el “Quinteto del Hot Club de Francia”, conjunto condecorado como la mejor banda del continente, tanto por la calidad de su swing como por la pasmosa capacidad de improvisación de Django, el cual al no saber ni leer ni escribir (cuando menos música), había desarrollado esta habilidad hasta límites insospechados.

Viajó a los Estados Unidos (periplo insatisfactorio debido a la escasa reacción del público americano) en 1946, y posteriormente se estableció definitivamente en Francia, donde numerosos artistas, como por ejemplo Dizzy Gillespie, lo visitaron con el afán de tocar a su lado.

Django siempre admiró a Louis Armnstrong y Duke Ellington (al que plantó durante su gira por los EE.UU), donde según él encontró la perfección formal y la precisión instrumental que admiraba en la música clásica. Y del mismo modo que estos artistas sirvieron de inspiración a Django, este se ha convertido en maestro e ídolo de muchos músicos actuales: Christian Escoudé, Jonny Hepbir, Philip Catherine… También dejó huella en la industria del cine, cuando en 1999 Woody Allen estrenó “Acordes y Desacuerdos”, película en el que un ficticio Emmet Ray vive obsesionado con Django.

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Respecto a su guitarra, cabe mencionar que empleó una Selmer diseñada a medida por el gran lutier Maccaferi, un italiano que, sin saberlo, creó la primera guitarra de jazz.

A la edad de 38 años se retiró a su ciudad natal a practicar sus dos grandes aficiones, la pesca y la pintura. Falleció en 1953 debido a una hemorragia cerebral. Sin embargo, siempre será recordado por (en un segundo o tercer plano) sus pocos cuadros y sus más de 250 grabaciones a 78 r. p. m, gracias a las cuales se le puede reconocer como uno de los grandes virtuosos del jazz.

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