Especial 8 de marzo

Si hablamos de mujeres que lo han tenido difícil para ganar protagonismo en el mundo de las humanidades, enseguida se nos vienen a la cabeza figuras como Mary Shelley, las hermanas Bronte o Sor Juana Inés de la Cruz, pero lo cierto es que esta situación no se ha dado solo en la literatura y, sobretodo, no se ha dado únicamente como hecho aislado en la antigüedad.

Maria Anna Walburga Ignatia Mozart (1751-1829)

Más conocida como Nannerl, fue la hermana mayor de Mozart, y se introdujo en el mundo de la música de la mano de su padre, compositor, violinista y director musical. Como su padre, fue una virtuosa violinista a pesar de que por su condición de fémina se vio obligada a sustituir el violín por otro instrumento “más adecuado”: el clavecín y el canto. Las numerosas horas que padre e hija dedicaron a la música despertaron la curiosidad del pequeño Mozart, quien también empezó a instruirse en este arte. A pesar de que su padre siempre intentó tratar a sus dos hijos por igual, Nannerl acabó siendo anulada por su hermano cuando esta se convirtió en una muchacha casadera, momento en el que tuvo que dejar la música en un segundo plano a pesar de contar con el vehemente apoyo de su padre y hermano. Pero este apoyo no fue suficiente para que el gran talento de Nannerl destacase, ya que la educación que en su seno familiar recibió acabó por convertirla en una hija, hermana y mujer obediente.

Constance Lloyd (1859-1898)

Fue una joven de familia poderosa en la que Oscar Wilde posó su interés. Ambos compartían el interés por el arte, pero no fue suficiente para sostener la convivencia conyugal. El matrimonio se divorció cuando salió a la luz la homosexualidad de Wilde, hecho que acabó por completo con la reputación de la joven Lloyd, quien solo contó con el falso apoyo de su exmarido, al que favorecía que las ideas liberales de su mujer se extendieran debido a su condición sexual. Pero este apoyo no era ni mucho menos en favor de sus obras, que nunca promovió ni reconoció como licitas. Constance se vio obligada a autofinanciar sus publicaciones, que, aunque no lograron ningún prestigio, le ayudaron a labrarse un nombre dentro de la Federación de Mujeres Liberales.

Camille Claudel (1864-1943)

Fue la mujer de Auguste Roudin. Su pasión era la escultura, arte dentro del cual se sentía excluida al contar con el único apoyo de su padre. Finalmente se casó con su maestro, Roudin, con el que colaboró y del que se influenció positivamente, sin llegar nunca a recaer en una copia, pero sus producciones siempre estuvieron en un segundo plano.

Sonia Greene (1883-1972)

Fue la mujer de Howard Lovecraft, un hombre prepotente y opaco defensor de las idas machistas de supremacía masculina y que despreciaba el contacto carnal. Este matrimonio duró dos años, en los que la joven intentó aprender de su marido ayudándole en colaboraciones literarias que se le atribuyen a él, como The horror at Martin’s Beach. Ni con el divorcio, Greene, una mujer de ideas claras, consiguió desligarse del apellido de Lovecraft, quien vio sus obras relegadas a un segundo plano dentro de la literatura, entre las que solo destacaron poemas y relatos cortos que Lovecraft recopiló en Something about cats and other pieces.

Vera Slónim (1902-1991)

Fue la mujer de Vladimir Nabokov. A pesar del gran amor que ambos se profesaban, Nabokov también acabó por eclipsar a su mujer, quien se conformó con leer, corregir y aportar cosas a las obras de su marido. Sin darse cuenta, acabó por dedicarse al cuidado de su esposo y abandonó su vena literaria. Aun con todo, de ella se conserva una gran obra que nos dejó indirectamente: su diario.

Frida Kahlo (1907-1954)

Fue la mujer de Diego Rivera. Posiblemente, representa la figura femenina más reconocida actualmente. Su marido siempre fue un fiel defensor, admirador y promulgador de su obra y nunca actuó en detrimento de la misma, pero, aun así, siempre estuvo en un segundo plano y eso hizo a la joven Frida ser muy crítica con él.

Simone de Beauvoir (1908-1986)

Fue la mujer de Jean Paul Sartre. De puertas para dentro, ambos mantuvieron una relación sana de igualdad intelectual. Los dos trabajaban las ideas existencialistas, por lo que su tiempo discurría entre discusiones existenciales de las que ambos disfrutaban. La situación de cara al público era distinta, pues Sartre se dedicaba laboralmente a escribir sus obras –en las que también tenían cabida las ideas de su mujer– mientras que Simone le atendía y dedicaba sus pocos ratos libres para plasmar sus ideas en obras que firmar con su propio nombre. Aun con todo, Simone consiguió situarse a la cabeza de la lucha feminista con ensayos como El segundo sexo.

El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal.

Martha Gellhorn (1908-1998)

Fue, por un periodo corto de tiempo, la mujer de Ernest Hemingway, ambos estuvieron unidos por la guerra. Era una apasionada reportera de guerra, por lo que no tenía apenas tiempo para dedicarle a su matrimonio, hecho que Hemingway no soportaba. Ella tenía claro que no quería dedicarse a su marido, por lo que cuando este le hizo elegir entre su matrimonio y el periodismo, se decantó por el trabajo.

Margaret Keane (1927)

La historia de esta mujer es, posiblemente, el caso más relevante y ha llegado a la industria cinematográfica de la mano de Tim Burton en la película Big eyes. Ella era la artista del matrimonio, de lo que Keane se aprovechó. La encerró en casa, donde le obligaba a pintar 16h diarias para después adueñarse de sus obras y firmarlas y venderlas como propias.

Fumiko Negishi (1970)

Foto: Facebook

Todos estos sucesos, que no son más que la punta del iceberg, no son hechos aislados, en pleno siglo XXI tenemos el ejemplo de Fumiko Negishi, una pintora que fue contratada por Antonio de Felipe para plasmar sus ideas sin que este reconociera su trabajo. Negishi encontró su propia voz y le denunció para poder pintar bajo su propia firma y ahora le reclama los derechos de autor de todas sus obras.

Hace unos meses se hacía viral la campaña “En un mundo de Kardashians sé una Curie”, y yo digo: en un mundo lleno de Walter Keanes, sé un Diego Rivera.

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Un comentario en “Especial 8 de marzo

  1. Entiendo que se trata de un artículo en el que tratáis deliberadamente de mostrar como fue la relación de estas mujeres brillantes con sus maridos (o hermanos/admiradores)… Pero creo que en un post que trata sobre el 8 de marzo habría sido más apropiado no referirse a ellas como “mujeres de”, y centrarse más en sus aportes…
    Y lo mismo digo de la última frase, aunque enitnedo que el mensaje es positiva, creo que lo principal para un post feminista es el empoderamiento femenino, tal vez sería más apropiado un mensaje dirigido a ellas, y no a los hombre.
    PD: Diego Rivera admiraba a Frida Kahlo artísticamente, pero en otros sentidos fue un capullo.

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